Método para superar las propensiones negativas respecto a la enseñanza sapiencial
Es imperioso, en razón de las múltiples dificultades y los obstáculos que surgen en el camino del estudiante, que situemos aquí este capítulo sobre los mismos y sobre cómo superarlos. La consulta es siempre una autoconsulta, como ya se explicó, de modo que los bloqueos e incrustaciones psíquicas, los complejos y el desorden moral se reflejan grandemente en la vida del individuo trayendo mayor confusión y desorden y alejándolo de la correcta comprensión del libro sapiencial y de la existencia como un todo. En primer lugar debe disolverse toda sospecha moral de haber tocado un material de tipo prohibido o maléfico, una fruslería, un retruécano inútil, así como de estar tratando con un mero manual de adivinación profesional sin ningún rigor moral y espiritual.
Ambas posiciones del pensamiento mágico: la no receptiva y la puramente receptiva, son indeseables. El estudiante del Libro de los Cambios debe conocer antes de seguir adelante que con esto no se puede jugar. Precisamente, el manejo negligente del oráculo trae como resultado las respuestas inconexas y que no parecen tener relación circunstancial con la consulta. De modo que otra actitud a eliminar de nuestra acción con el oráculo es la recurrencia viciosa y dependiente del mismo oráculo rechaza la creación de un lazo de dependencia, transformando relación entre el consultante y el Libro en algo fortuito y caprichoso.

Debido a esta vitalidad moral del Libro, del egrégor espiritual del Libro, es que los adivinos chinos sintetizaron en libros de adivinación secular paralelos los hallazgos que hicieran en el propio I Ching. De esta forma preservaron indemne el carácter sapiencial y de revelación de la obra y a través de herramientas particulares de adivinación evitaron sumergirse en los oscuros dominios de la mente escondida, sin puntos de apoyo y sustentación de los cuales extraer referencias e información en conformidad con las aparentes circunstancias del consultante. De modo general, aunque sin la pretensión de sentar autoridad alguna sobre la materia, no se estimula el uso del Libro para la adivinación profesional, sino el de los sucedáneos producidos a partir de él, como el I Shu Ching y otros que comienzan a ser traducidos y divulgados en Occidente.
El Libro tiene un inmenso valor como obra espejo de la mente escondida y hasta del mismo del consultante, por lo cual la manipulación negligente hecha por individuos que no observen las prescripciones morales que consignan Confucio y los sabios del oráculo, puede resultar desastrosa y alejar al adivino y a su cliente del correcto camino.
Por otra parte, el sistema de códigos que sigue la tradición oracular china se sostiene en dos fundadores de filosofías religiosas fundamentales, el confucianismo y el taoísmo, de allí la necesaria observancia de un moderado rigor existencial como base de apoyo para éste como para cualquier otro estudio que nos permita superamos y comprender más cabalmente nuestra propia vida y la vida del mundo. Cuando el estudiante o el erudito no prestan atención a las demandas internas de orden, proporcionalidad, ritmo y belleza en su vida, a las que continuamente apela su alma, se suelen obtener intelectuales presuntuosos o manipuladores profesionales ufanos de su pretendida versación en los resortes ocultos de las vidas de personas.
Precisamente, este aspecto de inmensa importancia, el aspecto ético y moral que subyace a toda la obra, debe ser situado en primer plano.No de otro modo la Sabiduría del Orden Supremo se infunde en la mente y el corazón del estudiante, fundamentalmente por el hecho de que éste se esté volviendo un practicante de la Sabiduría activamente y no un mero teórico. Esta tentación, la de llevar una doble vida con esta como con cualquier otra obra sapiencial o visión espiritual de la vida, resulta a la larga en un desastre existencial, en la decadencia moral más grande y en el auto-abandono o desviación completa y siniestra de la conducta. Saber que no se puede llegar más allá todavía, que no estamos dispuestos a ordenar completamente nuestras vidas con el Orden Espiritual, es esencial para detenerse a tiempo y evitar los desastres y desórdenes colaterales que toda manipulación egoísta y caprichosa de estas herramientas producen inevitablemente.
En términos generales, debido a estos desórdenes (confusión mental, ambiciones inadecuadas, negligencia o dependencia del oráculo), se puede sugerir que éste responde, al menos, de tres maneras.
Cuando el consultante consulta sin meditar suficientemente la pregunta, la respuesta suele estar dirigida a otorgar un consejo o recomendación respecto a la condición moral y mental de nebulosa y vaguedad de la que debiera resurgir provisto de decisiones y acciones ennoblecedores, rectificando cabalmente su fuerte condición depresiva o de dependencia. Presenta una instantánea de la situación del consultante, sorprendiéndolo con la auto-revelación de las subterráneas corrientes de confusión y desorden que lo llevan de las narices por la vida.Cuando el consultante está lleno de ambición por conocer o recibir una respuesta prefijada y realiza la consulta desde un nivel de deseos sublimado por una formulación verbal que encubre el afán irrefrenable de conseguir su objetivo, el oráculo suele darle la buena noticia de que es inminente su éxito. Esto no es más que lo que el propio yo psicológico se dice a sí mismo, auto referencialmente, a través del oráculo, satisfaciendo las momentáneas necesidades emocionales a colmar. Es una especie de respuesta golosina, apta para mentes infantiles esclavas de sus deseos y caprichos, que satisface sólo coyunturalmente la necesidad y el deseo con una golosina, pero que no responde en el tiempo (en las circunstancias de la vida) sino en el espacio (en la condición ansiosa y demandante de la mente del consultante ).
Cuando el consultante lleva una vida razonablemente ética y es serie en la consideración de las oportunidades en que debe consultar al oráculo estando habilitado para definir una pregunta cabal en su mente, el oráculo le responde con autoridad y anticipa los eventos y circunstancias que se desplegarán en el tiempo, gracias a la gran espacialidad interior de quien consulta.
En todos los casos el oráculo vuelve patentes y manifiestas las configuraciones que se encuentran cargando la mente subconsciente. De este modo, cuando en la consulta, previo a la definición de la pregunta, no se libera la mente de compulsiones, vaciándola y dejándola receptiva, las propias compulsiones y fantasías de la mente subconsciente, el torrente de imágenes, deseos y proyecciones psicológicas, se hace manifiesto anegando el plano de la consulta, filtrando la luz que pueda provenir de la fuente del entendimiento interior, distorsionándola y afectándola. Uno de los eventos más corrientes en la auto-consulta realizada bajo estas condiciones de programación parasitaria subconsciente, es que el propio consultante colorea las respuestas con la maraña emocional y mental que lo domina, perdiéndose en un laberinto de dudas y confusión.
Esto nos lleva al tópico de una doctrina moral de la consulta. La misma surge de la experiencia directa de generaciones de investigadores, y aunque no suele ser consignada ni presentada formalmente por los mismos, el propio Carl G.Jung intuyó esta modulación viva del oráculo, ya que la identificó con la misma modulación viva de la vida psíquica, pudiendo tener la superficialidad o la profundidad de cualquier individuo humano.
Pero además, por tratarse de un libro de sentencias y consejos morales con una estructura oracular, la condición moral de la vida del consultante constituye un factor esencial para la penetración y encuentro con el alma del Libro.