Leyenda. Junto con su hermano Félix y procedentes de Cesárea, llegaron a Barcelona huyendo de las persecuciones a los cristianos. Cucufate se quedó en Barcelona, mientras que Félix se dirigió a Gerona. Cucufate (sant Cugat) no era como el resto de los mártires, dócil y humilde, sino rabioso, guerrero y rebelde, y si bien no usaba la violencia física para defenderse de sus perseguidores, si utilizaba las invocaciones divinas para acabar con sus enemigos. El procónsul Galeri y Maximiano cayeron fulminados por el rayo divino después de enfrentarse a Cucufate. Pero, mártir al fin, Cucufate murió decapitado a manos de Rufino.
Atributos. Más que las vestimentas del siglo IV y la aureola de iluminación, este santo debería ser pintado con el poder de la palabra, la fuerza del verbo.
Poder. Durante algún tiempo se le relacionaba con los oradores y conferenciantes, e incluso no hace mucho tiempo en España se le tenía cierta admiración, pero últimamente es un santo más para la historia que un santo en activo, con una parroquia y un culto harto reducidos, y más en su vertiente de sant Cugat que de san Cucufate. San Félix, protector de juristas, ha corrido mejor suerte. De cualquier manera, ambos ayudan más a los que plantan cara y son rebeldes, que a los tímidos y huidizos. Se les invoca, juntos o por separado, contra los abusos y las injusticias.
Ritual. A san Cucufate se le celebra el 25 o el 27 de julio, y san Félix el 1 de agosto; les gustan las oraciones y los rezos, las canciones y la música en general, también son amantes del arte y el bienestar, y les agradan las ofrendas de cierto valor.