En Esoterismo se enseña que todas las creaciones humanas, ya sean objetos o documentos, por haber sido proyectados por la mente y animados por los deseos y sentimientos de distintas personas, poseen su contraparte sutil, su forma energética o, como se los designaba arcaicamente, su deva artificial. Este egrégor debe su belleza y esplendor, su vitalidad y dinamismo a la misma naturaleza que le es inherente.
En el caso de la forma energética del Libro de los Cambios, al haber sido evocado de los planos ideales e informes por sabios e iniciados en la Ciencia Perenne, y al haber permanecido como eje intelectual de una cultura milenaria, sirve modernamente y cada vez con mayor intensidad de objeto de estudio y reflexión para individuos de todas las naciones.
Asimismo cuenta con una esplendidez y textura únicas, una vitalidad y una modulación en su conformación y desenvolvimiento que, viniéndole de los orígenes iniciáticos, cobra brillo y adquiere permanentemente una más rica y renovada investidura, a partir de los instantáneos hallazgos y el entendimiento cada vez más universalizado del texto.

En esta inteligencia que despierta a partir del Libro, se moviliza la energía que está detrás de la consciencia y que sigue al pensamiento inspirado, desencadenando, por ejemplo, la resonancia planetaria que actualmente tiene, así como la lenta pero segura dilución del velo de misterio que sobre la obra se tejió antaño. Si bien las fuerzas que han hecho de esta forma energética algo único subyacen en la percepción revelatoria inicial alcanzada por iniciados en la Ciencia Espiritual, el hecho de que en la actualidad se haya perdido el canon de las proporciones y mensuras celestes-terrestres, permite anticipar que, una vez recuperado por más y más individuos de la actual Humanidad, su desarrollo terminará por diluir la forma al extremo de permear la mente colectiva en todos los niveles.
Todo ello a partir de un futuro pero inevitable acto colectivo que implique la comprensión intuitiva de las leyes que regulan la mente y las relaciones humanas y fundamentalmente al ponerse en práctica correctos vínculos grupales y con la Naturaleza. El fin último de una forma energética sutil no es su total cristalización sino su completa dilución, y ello ocurre cuando se le retira la atención debido a la decadencia, anacronismo o descronicidad. Llamamos «descronicidad» a lo contrario a la sincronicidad, el punto final de la coincidencia significativa que abre el ojo de la mente colectiva a nuevas irrupciones desde lo interno de formas ejemplares o paradigmáticas.
Esta dilución de la forma energética también ocurre cuando la atención puesta sobre sus bases ideales se refuerza multiplicádamente, al extremo de disolverla. Es un axioma de la psicología esotérica que la fuerza constante y vigorosa de la atención desnuda la mente, ya personal como colectiva, de todas las formas que se hallan enquistadas en ella desde los tiempos más remotos.
Como se dijo, los arquetipos celestes que fueron contemplados por los sabios de la antigüedad subyacen, tienen sus raíces en las regiones idea- les sin forma, e ingresan al plano de la manifestación como la luz de un prisma, a través del centro reflector situado en los niveles atómicos del plano emocional. En otras palabras, lo que es una realidad quintaesencial y no ética e informe, ha de tener un punto de encaje desde el cual servir de prototipo vital para el documento físico terrestre. Precisamente este punto de encaje o núcleo del prisma de irradiación hada la esfera material se halla situado en los niveles energéticos más elevados y sutiles del plano emocional, allí donde la actividad descendente de las fuerzas del intelecto y la actividad ascendente de la sensibilidad moral más exquisita se aúnan e integran.
Las construcciones energéticas del plano sutil suelen gravitar grandemente en la conciencia relativa del hombre encarnado y así los sistemas de creencias, especialmente los religiosos y sociales, poseen una forma energética de alta densidad emocional que crea un espejismo colectivo gigantesco en el planeta, creando idealismos fanáticos e infatuación y provocando una creciente ceguera espiritual. Del mismo modo, el egrégor del Libro de los Cambios debe ser alcanzado en las regiones ideales por la meditación reflexiva iluminada por la intuición. Esta meditación se hace imprescindible, para que pierda gravitación el mal uso adivinatorio del Tratado, que contamina la proyección de su forma sutil al extremo de inclinar la mente colectiva a un uso especulativo y adivinatorio por encima del mayormente deseable: como libro sapiencial y revelador de las leyes morales que interactúan en nuestro plano de manifestación.
Cuando se consulta al Libro se pone de manifiesto la existencia de una única Mente Universal de la que todas las mentes particulares son surgentes y afluentes. En la concepción de la psicología esotérica, en cada mente personal están las simientes de las ideas y poderes universales, de modo que, también en el caso de los libros sapienciales, el entrar en sintonía o contacto meditativo con la fuente espiritual de la enseñanza, hace que se despliegue en el interior de la mente la luz y la vitalidad de las ideas esenciales que están en potencia en su interior. El Libro es el sí mismo, la mismidad del consultante, el nivel más profundo que su mente racional puede alcanzar, el campo de fuerzas mentales integradas que se vierten a través de cada mente individual.
Es, en consecuencia, un mapa vivo de las modulaciones del alma individual, del plano de gestación de las actividades que el alma encarnada realiza en su peregrinaje terrestre. Constituye la superestructura mental básica de los hechos de la vida, encontrada y graficada por una civilización arcaica en signos, símbolos, módulos y períodos rítmicos. Fue encontrada en la contemplación del cielo interior, de las simientes e ideas y poderes del alma, una con todas las almas, en el acto de la contemplación meditativa. Las ideas del alma son en nuestro plano las leyes universales, naturales y éticas, y sus poderes se transforman entre nosotros en las virtudes’ morales y civiles, tal cual son expresadas, por ejemplo, en el Libro de los Cambios o en cualquier otro libro sapiencial.
De modo que al formular la consulta me la hago a mí mismo. Lo importante es adoptar la actitud mental y emocional correcta para que el nivel alcanzado en la profundidad del planteo y su definición sea el más elevado.
En síntesis, se trata de un método estructural para alcanzar un más amplio auto-conocimiento, el cual no sustituye la práctica de la observación sobre uno mismo y en sus relaciones, sino que la potencia.