
El I Ching es a la vez un libro sapiencial y oracular. Es fundamentalmente sapiencial en el espíritu de sus sentencias de sabiduría (Imágenes, Juicios, Dictámenes, Comentarios a la Decisión) y es primordialmente oracular en las Mutaciones, en las seis líneas, los Comentarios a las líneas y en los Tratados posteriores escritos a partir del I Ching para facilitar el cálculo adivinatorio, mediante pronósticos y diagnósticos.
Entre estos Tratados posteriores, algunos de los cuales conocen versiones españolas, y que son primordialmente oraculares y mánticos, podemos mencionar: 1 Shu Ching, 1 Lin, T’ ai Hsüan Ching y Ling Chi Ching.
Si bien inspiradas en la lógica central del Libro de los Cambios, estas obras posteriores resuelven el problema de la abstrusa interpretación oracular del I Ching, dificultad casi insalvable para los consultantes occidentales, y deja a la gran obra clásica china en una esfera prominentemente ética e inspiracional, la que le corresponde de forma excelente.
Desde otro punto de vista se trata de una obra previsora, que establece las pautas que seguirá la dinámica de los hechos, a partir de la conducta y calidad moral de la vida actual del consultante. Deja en claro, y en primer plano, que debido a las acciones emprendidas en el pasado, la constelación de vínculos y circunstancias que habrán de presentarse de forma inminente tiene carácter de inevitable y forzosa. Esto nos muestra, en la medida que seamos reflexivos y estemos atentos, el gobierno de una Ley de estricta equidad, para la que ni un solo pensamiento o palabra pasa desapercibido.
Con este espíritu conduce al consultante a la percepción de la grave responsabilidad que se encuentra detrás de cada una de sus acciones en el tiempo, así como a la necesidad de adecuar el pensamiento y la conducta a las premisas ejemplares que recorren sus inspiradas páginas.