Nos referimos al código binario que determina la Rueda de los Acontecimientos conforme al Tao, el Diseño Interior.
La sabiduría china parte de una realidad inmutable y trascendente, el Sentido Último de todo cuanto existe, al que llama Tao. Este Tao, Dharma, Ley Viva esencial, penetra en todos los órdenes de la realidad manifestada, a partir de una polaridad básica a la que designa como Yin Yang: tinieblas-luz, negativo-positivo, el primer par de complementarios interdependientes que crea la Fuerza Original para desenvolver toda la sucesión de fenómenos y circunstancias que el sabio estudia, descifra y enumera a través de las operaciones mentales posteriores a la contemplación de la vida en manifestación.

En los textos más arcaicos se llama al Tao, el Sentido Primero y Último de la Vida, la Gran Tiniebla y la Gran Madre, lo que nos retrotrae al período que los antropólogos llaman de cultura matriarcal, previo al que desde hace cinco mil años (con la entrada en Kali Yuga) rige las relaciones y condiciona la visión de la actual humanidad, de cultura patriarcal y solar. Esa designación de Gran Tiniebla y Gran Madre está presente en los archivos de la tradición esotérica de la misma manera que en el Taoísmo. Lao Tse sugiere también esta connotación del Tao en su Tao te King.
El Tao penetra hasta el último átomo de materia y se extiende hasta los confines del universo y de la consciencia, por lo cual se lo relaciona con las aguas primordiales de todas las tradiciones cosmogónicas, aguas o energía primordial que fluye inagotablemente alcanzando a impregnar toda la Creación.
En el Libro de los Cambios, los esoteristas chinos que encontraron la base numerológica de los hexagramas clasifican con los números impares (del uno al nueve) a todos los aspectos Yang o celestes y con los números pares (del dos al diez) a todos los aspectos del Yin. Terrestres. Para crear la sucesión hexagramática partieron del número tres (3) en el que integran el cielo y la tierra (1 + 2) y que representa la tríada formativa del oráculo: cielo, tierra y hombre. Por un lado, de esta tríada original básica surge la necesidad de la configuración de los trigramas.
Desde otra perspectiva este código binario parte del uno o punto, la expresión mínima del espacio. A los efectos de la graficación racional se extiende en forma de línea continua para expresar la polaridad positiva Yang, lo continuo y creativo, y en la forma de dos líneas separadas por un espacio en blanco. En esta línea abierta o Yin están presentes las tres fuerzas de forma separada en dos líneas y un espacio vacío, en tanto en la línea continua Yang están presentes las tres fuerzas en tanto unidad indisoluble o condición espiritual de la realidad. Por lo tanto, la línea continua es integradora y constructiva, y la línea discontinua es desintegradora y destructiva. Esto se halla perfectamente expresado en las nociones morales de «sí» y «no». En el «sí» está la Creación en condición de unidad y totalidad indiferenciada o espíritu. En el «no» está la Creación en tanto separación y serie de fenómenos, propios de la naturaleza.
En el periodo de la dinastía Han, floreció la ciencia mágico naturalista del Taoísmo y las indagaciones y permutaciones de las relaciones numéricas de los hexagramas se vincularon a los cinco elementos (agua, madera, fuego, metal, tierra). Esta escuela esotericista en el estudio del Libro subsiste en algunos registros de las Diez Alas, como en los llamados planos del río Amarillo y sus relaciones con los elementos son presentadas en forma de círculo de poder o mandala.
Se ha desarrollado con el tiempo toda una ciencia meditativa y de reflexión a partir de estas configuraciones y la rueda del Cielo Previo y Posterior, diseños donde se sitúan los ocho trigramas en relación con los puntos cardinales y las estaciones, antes de la manifestación, es decir, en la Mente Divina y de modo ideal (en el Cielo Previo) y en la Manifestación (Cielo Posterior). Los magos taoístas penetraron en el curso interno de los signos y símbolos y fueron capaces de desarrollar toda una amplia literatura cifrada sobre el valor adivinatorio y mágico del Libro. De esa literatura abstrusa para el no iniciado, sobreviven aquí y allá las versiones de distintos libros añadidos al I Ching que sirven a los efectos adivinatorios.
En Occidente se ha distorsionado grandemente el valor de este período histórico, especialmente porque los comentaristas de mayor prestigio que visitaron China solían ser clérigos europeos, como en el caso de Legge y R. Wilhelm. Si bien la contribución de este último es fundamental, especialmente para descubrir con riqueza y penetración el dominio ético y sapiencial del Libro de las Mutaciones al público culto occidental, sus prejuicios religiosos lo inhibieron de investigar en el período Han, en lo que sobrevivió a una persecución y quema imperial posterior, lo cual hubiera resultado invalorable para el uso práctico del oráculo y la comprensión cabalística del mismo.