Leyenda. Vivió entre los siglos II y III de Nuestra Era, y sucedió a Ceferino en el pontificado de la incipiente Iglesia Católica. Nació esclavo y cristiano, pero su amo, cristiano también, le liberó y ayudó a formar nuevos grupos de cristianos. Su vida no fue ejemplar, al menos en su juventud, ya que le dedicaba más tiempo a gastar dinero ajeno y divertirse, que a cultivar el espíritu. Fue encarcelado y tuvo que trabajar en las minas de Cerdeña para pagar sus culpas. Al volver a Roma fue acogido por el papa Ceferino, que le hizo administrador del cementerio de la Vía Apia. Al morir Ceferino fue elegido papa, pero tuvo una fuerte oposición en Hipólito, quien también apostaba por el cargo papal. Pudo deshacerse de Hipólito, pero al poco tiempo fue asesinado. A pesar de todos sus errores mundanos, siempre protegió, amparó y cuidó a otros cristianos menos favorecidos.
Atributos. Vestimenta Y tiara papal, como corresponde al cargo que ostentó en vida, lleva la barba de la jerarquía espiritual y a menudo va acompañado por la Virgen o por santa Catalina.
Poder. Algunos contables y administradores, por no decir funcionarios y políticos, le tienen como patrón. Muchos fieles buscaron su amparo, sobre todo porque tenía el poder de elevar cargos y mejorar situaciones económicas y sociales, pero poco a poco su culto se ha ido apagando a espera de mejores tiempos. También cuida y ampara proscritos, marginados, perseguidos y a otras personas que quieran redimirse y abrazar el buen camino.
Ritual. Tiene su fiesta el 14 de octubre, y aunque sean pocas las parroquias y pueblos que le veneran, le gusta que su fiesta sea sonada y que se extienda la fama de sus milagros. Le gustan las velas blancas, las limosnas generosas y los sacrificios personales.