Leyenda. Para mantenerse virgen y mártir, esta santa de Catania emuló a Penélope y prometió que se casaría con Quintiliano el día que acabara de tejer una tela, que tejía de día y destejía de noche. Cuando Quintiliano se dio cuenta del engaño, entró en cólera y cercenó los senos de la santa y la encerró en las mazmorras. Esa misma noche se le apareció san Pedro y le restituyó los senos, pero no pudo salvada del encierro. Al día siguiente, como insistía en mantenerse pura, fue quemada viva.
Atributos. La palma de los mártires, unas tenazas al rojo vivo y sus senos en una bandeja, como símbolo de la renuncia al sexo. A veces va acompañada de carbón ardiendo, o de un unicornio, para reflejar su pureza.
Poder. Esta santa ayuda y protege especialmente a las mujeres que sufren imposiciones y malos tratos, pero eso no le impide ser patrona de joyeros, campaneros y fundidores de bronce. Algunas prostitutas también la toman como patrona, así como otros colectivos femeninos. Favorece, además, los trabajos intelectuales y los descubrimientos, y ayuda a sus fieles a huir de las tentaciones del mundo y la carne. Por supuesto, protege a las mujeres en las intervenciones quirúrgicas, sobre todo en las masectomías o extirpación de tumores.
Ritual. Se le celebra el 5 de febrero en diversos pueblos, y como toda mujer sensible agradece las flores y los detalles. Las mejores velas para conseguir su apoyo son las blancas, las grises o las que estén forradas o protegidas por metal. Le gusta el incienso de pino y también que le ofrenden con un vaso de agua o un poco de carbón.